Club de los Jueves: Hojas de Hierba

•19 Noviembre 2009 • Dejar un comentario

El tren accedió a la estación envuelto en su habitual estruendo. Era ya bastante tarde y probablemente fuese aquél el último convoy que hacía el recorrido hasta mi casa. Uno tras otro, fueron pasando vagones vacíos hasta que finalmente se detuvo ante mí. Cuando entré, pude comprobar que había alguien sentado hacia la mitad del vagón, y al contrario de lo que hubiera hecho en cualquier otro momento, decidí acercarme hasta el conjunto de asientos que se hallaba frente al solitario viajero.

Era un hombre bastante mayor, enfundado en un grueso abrigo gris, que me dedicó una sonrisa en cuanto me acomodé. Le correspondí, e inmediatamente después, fijé la vista en el panel de información que tenía delante de mí.

Tan pronto reanudamos la marcha, me sorprendí observando su reflejo a través de los cristales de las ventanillas. Había algo en el rostro del hombre que, lejos de incomodarme, me intrigaba. Quizá fuese esa ligera mueca en sus labios, como si sonriera al recordar algún hecho agradable. O bien, esa mirada distraída que se estrellaba, al igual que la mía, contra su propia imagen en el cristal. Pero, lo que más atrajo mi atención, fue el libro que llevaba en las manos, medio escondido entre los pliegues del abrigo, y entre cuyas páginas reposaba el pulgar de su mano izquierda.

Poco antes de detenernos en la parada anterior a la mía, el hombre se incorporó lentamente de su asiento, se atusó un poco la vestimenta, me volvió a sonreír y se dirigió a la puerta. Inconscientemente, intenté seguir sus pasos con la mirada, pero su silueta acabo difuminándose entre las sombras del andén.

De nuevo en marcha, volví la vista hacia el reflejo que sabía me ofrecería ahora el asiento vacío, pero no fue del todo así. El libro yacía olvidado junto al respaldo. Me acerqué y lo cogí. Hojas de Hierba (Walt Whitman). Nunca había oído hablar de él, pero lo abrí por el lugar donde había quedado doblada la esquina de una de sus hojas, y leí:

“Soy un hombre que, vagando a la ventura y sin detenerse, os dirige una mirada casual y vuelve el rostro, dejando que vosotros lo analicéis y lo defináis, esperando de vosotros lo más importante.“

“Desconocido, si al pasar junto a mí deseas hablarme, ¿por qué no has de hablarme? ¿Y por qué no he de hablarte?”

“Tú, lector, palpitas de vida y de orgullo y de amor como yo, para ti, pues, estos cantos.”

(…)

Años después, y pese al misterio que envolvió la situación de tan peculiar hallazgo, sigo pensando que aquel hombre sólo pretendía deshacerse del libro.


Natali ha sido quien esta semana ha propuesto “Aquel Libro“ como tema. Y el resto de libros y relatos (¿o son relatos y libros?) están aquí:

Historia de Dos Cerebros

•3 Noviembre 2009 • Dejar un comentario

De todas las teorías que había escuchado al respecto, esta me parece la más divertida…

Es un poco largo, pero merece la pena.

De Viajes e Historias

•25 Octubre 2009 • Dejar un comentario

Si hay algo que nunca dejaré de agradecer a mis padres es el espíritu viajero que inculcaron a sus hijos. Ambos procedían de familias no muy extensas, pero sí muy desperdigadas, por lo que los recuerdos de mi infancia están plagados de viajes a lo largo y ancho de toda la península. Cualquier fin de semana era bueno para escaparse a visitar algún familiar al más puro estilo cuéntame.

Aquellas interminables horas de carretera no eran más que una fuente de conocimientos de la que bebíamos sin apenas darnos cuenta. Cualquier pueblo que atravesáramos, una indicación vial, un campo de olivos, un adelantamiento mal hecho, un castillo en lo alto de una loma, un camionero que nos cediera el paso, todo tenía una historia o una reflexión.

Al crecer, cada uno fue creándose su propio itinerario, sus propias historias. Pero en lo que nosotros crecíamos y descubríamos lugares nuevos, exóticos y lejanos, ellos, mis padres, se hacían más cómodos, más sedentarios, más mayores…

Hace un par de semanas, mi hermana y yo decidimos retomar viejas costumbres. Y el que antes nos enseñaba, ahora se dejaba llevar observándolo todo con la curiosidad de un niño, aún sin dejar de añorar a su inseparable compañera de viaje.

El destino elegido fue una pequeña localidad próxima a la costa lucense en la que nunca antes habíamos estado, y a la que se había trasladado parte de la rama gallega de la familia.

Un GPS demasiado inteligente y unas indicaciones mal interpretadas nos hicieron desviarnos de nuestra ruta y adentrarnos en lo más profundo de los bosques gallegos. Eucaliptos, castaños, robles, abetos y pinos fue todo lo que vimos en la última hora y media de camino. Cuarenta kilómetros llenos de historias de cuando todas las carreteras eran como aquella, de aldeas abandonadas, de troncos cortados y apilados en la ladera que amenazaban con caérsenos encima, de molinos eólicos, de sendas forestales, de árboles petrificados, de leyendas, de niebla…

No creo que pudiera perderme de nuevo si alguna vez decidiera volver por allí, pero me alegro de haberlo hecho esta vez y de que mi padre tenga una historia más que contar.

Finca Galea (Lugo)

La fotografía forma parte de una presentación de diapositivas que no he podido colgar aquí pero que está disponible en mi otro blog. Solo hay que pinchar en la imagen para ir hasta allí.

Club de los Jueves: Sin Palabras

•22 Octubre 2009 • 2 comentarios

Un Gafe era el tema propuesto por Xarbet para el relato de esta semana, y tantas ganas le había puesto en sacar una historia adelante que me he debido de gafar yo solita…

Así que, como no se puede sacar creatividad de donde no la hay, y aún a riesgo de que todos piensen que he decidido cambiarme de bando, aquí dejo mi aportación (por llamarlo de alguna manera) al Club de los Jueves… (esta vez sí que me echan…)

Por cierto, los relatos de verdad están aquí:

BLOODY, BUSCOPETERPAN, CONCIERTOARTECRARIZA, FRANCISCOJUANRA,  NANAH,  NATALI,  PSIQUISAPPY  y  XARBET  

Que el Viento no se lleve las Palomas

•21 Septiembre 2009 • Dejar un comentario

El Día Internacional de la Paz, que se observa todos los años cada 21 de septiembre, es un llamamiento mundial al cese el fuego y a la no violencia. Este año, el Secretario General está pidiendo a los gobiernos y a los ciudadanos que centren su atención en el desarme nuclear y en la no proliferación.

El 13 de junio de 2009, el Secretario General, Ban Ki-moon, lanzó una campaña por medio de plataformas múltiples con el lema Debemos desarmarnos para conmemorar la cuenta de 100 días que culminaron en el Día Internacional de la Paz, el 21 de septiembre.

Las Naciones Unidas continuarán creando conciencia acerca de los peligros y el coste de las armas nucleares, y del por qué el desarme nuclear y la no proliferación de las mismas son tan fundamentales.

La Asamblea General de las Naciones Unidas estableció en 1981 el Día Internacional de la Paz para “conmemorar y fortalecer los ideales de paz en cada nación y cada pueblo, y entre ellos”. Veinte años después, la Asamblea General decidió que el 21 de septiembre de cada año se observara un “día de cese el fuego y de no violencia en todo el mundo”, e invitó a todos los Estados Miembros, a las organizaciones y a todas las personas, a conmemorar ese día, entre otras cosas, mediante la educación y la sensibilización del público, y a cooperar con las Naciones Unidas en el establecimiento de un cese del fuego a nivel mundial.

Fuente: Naciones Unidas

 

NOTA: El vínculo de la imagen conduce a mi otro blog donde, además de este mismo artículo, he podido insertar el video de una canción alusiva y su correspondiente letra.

Todo lo que siempre quiso saber sobre El Club de los Jueves (… y nunca se atrevió a preguntar)

•17 Septiembre 2009 • Dejar un comentario

- ¿El Club de los Jueves? Pues ahora mismo no caigo….

- Sí, hombre, ¿no son esa panda de freaks que todos los jueves ponen relatos sobre un mismo tema…?

¡Efectivamente!

Y estás de suerte, porque en El Club de los Jueves buscamos gente como tú.

¿Qué hace falta para pertenecer al Club?

Poca cosa, tener un blog (NO importa si no es en la Comunisecta), algo de tiempo y sobre todo, ganas de escribir.

¿Cómo se supone que funciona este tinglao?

Hay un foro en el que debes registrarte. Una vez registrado, cada semana sólo tendrás que subir tu relato al foro, y los demás compañeros lo leeremos y te daremos nuestra sincera opinión.

La idea es que 4 ojos ven más que 2, y 6 ven más que 4 (y así sucesivamente)… Así que si hay algo en tu historia que no está claro, que se contradice, o simplemente que no convence, te lo decimos en el foro.

Tú puedes tener en cuenta las opiniones o pasártelas por el forro, que pa’eso es tu relato. Si decides tenerlas en cuenta y cambiar cosas, vuelves a subirlo después de hacer los cambios, y los demás volvemos a leerlo y a opinar… y así hasta que llegue el jueves en cuestión y pongas tu relato en el blog.

¿Cómo consigo la dirección del foro?

Si estás interesado, puedes mandarle un mensaje de contacto a cualquiera de los miembros del club (crariza, xarbet, psiqui, bloody y yo misma) y ellos te mandarán la dirección.

¿Qué pasa si una semana no me da tiempo a escribir el relato y lo hago a última hora sin pasar por el foro?

En ese caso tendrás que pagar una multa de 50 euros y… Que nooooooo, que no pasa na’…. Bueno, pasa que tú te lo pierdes, porque en el foro los relatos se trabajan bastante más, que es de lo que se trata.

¿Y si no me da tiempo a secas? ¿O si el tema no me inspira?

No es obligatorio escribir todas las semanas, aunque lo suyo sería esforzarse y hacerlo. Pero si ves que no vas a postear tu relato, puedes dejar un mensaje en el foro para que esa semana no te incluyamos en los links, aunque tampoco es obligatorio…

¿Y si dos miembros ponemos la misma canción?

Eso es que te has equivocado de día y de club …

NORMAS DE SENTIDO COMÚN

  • No todos los relatos que leas tienen que gustarte, pero hay muchas maneras de decir las cosas, así que si algo no te gusta, intenta ser amable y constructivo a la hora de hacer tu crítica (como te gustaría que hicieran contigo).
  • A todos nos gusta que nos echen un cable, así que si sacas tiempo para poner tu relato en el foro, sácalo también para leer los relatos de los demás y dar tu opinión.
  • Ten pensado el tema que propondrás cuando te toque a ti. El tiempo nunca sobra, y los temas se ponen a dos semanas vista. Si le toca a alguien y no das señales de vida, se pasa al siguiente (que puedes ser tú). Puedes incluso proponer el tema aún sabiendo que esa semana no vas a poder escribir.

Y a mí no se me ocurre nada más, así que resumiendo…

Si eres de los que cree que podría usar su imaginación en algo que luzca de verdad, en lugar de desperdiciarla en esas elaboradas excusas que pones cada domingo para escaquearte de ir a comer a casa de los suegros…

Si eres de los que cuando lees nuestros relatos piensa “¡¡eso lo escribo yo con la po… gorra!!”…

O si sólo quieres que todos te digan lo bien que lo haces …

No lo pienses más, éste es tu Club¡¡

Y lo mejor de todo, si dices que vienes de parte de alguien (de cualquiera) la matricula ¡¡¡te saldrá gratis!!! (*)

¿A qué estás esperando? ¡Venga, no hagas pereza, que pa’luego es tarde!

(*) Válido sólo durante los meses en los que haya jueves. Consultar otras ofertas para Islas Canarias y Baleares.

Descubridor al Descubierto

•5 Septiembre 2009 • Dejar un comentario

Estudios recientes están por concluir que Cristóbal Colón pudo descubrir América sólo porque…

Continuar leyendo ‘Descubridor al Descubierto’

Recuerdos de Ida y Vuelta

•26 Julio 2009 • Dejar un comentario

Al comienzo de cada uno de los veranos que pasé al otro lado del charco, anhelaba que la temperatura superara los quince grados centígrados (finales de Junio), para ver cómo las emisoras de radio dejaban a un lado su habitual lista de éxitos y arrancaban su peculiar disputa para elegir la que sería la canción del verano. Afortunadamente, el fenómeno Georgie Dann no era conocido por aquellas tierras, así que la gran mayoría de los temas que optaban al galardón estaban dentro de un género que los autóctonos denominaban “City Jazz”.

Era mi época preferida del año, y no porque fuera época de baño en los Grandes Lagos, donde los carteles clavados en la arena recomendaban una inmersión no superior a los tres minutos (ni siquiera en los meses más calurosos del año), o bien indicaban al bañista unos nieveles de contaminación que le hacían cambiar de idea. Tampoco porque pudiese disfrutar de unas vacaciones, ya que los quince días establecidos por convenio los empleaba en venir a casa por Navidad (como el turrón). Aún así, disfrutaba de aquellas pocas semanas dejando que la música acompañara a mi imaginación surcando los casi diez mil kilómetros que me separaban de esos lugares que sólo estaban en mis recuerdos.

Eran acordes que me incitaban a cerrar los ojos y dejarme llevar hasta cualquiera de aquellas noches estivales en España. A las fiestas a pie de playa, a los trayectos en coche dejando que el viento me enredara el pelo, al encuentro con los amigos en una terraza al atardecer, a las risas, a un beso robado a la luz de la luna, a la vida…

Cuando regresé a casa, comprendí que nada de todo aquello volvería a ser igual. La mayoría de mis amigos había evolucionado (lógicamente) y ahora eran adultos con obligaciones familiares. Muchos de los sitios en los que nos solíamos reunir habían dejado de existir hacía tiempo. Las fiestas en la playa ya no estaban permitidas, a no ser que las organizara el Ayuntamiento. Y la canción del verano ya no tenía los pegadizos estribillos de antaño (por suerte).

Ha pasado mucho tiempo desde entonces, y, paradójicamente, cada vez que consigo escuchar algo parecido al “City Jazz”, mi memoria no me lleva a los veranos de las fiestas en la playa, sino a aquellos en los que la nostalgia me hacía viajar hasta allí…

Club de los Jueves: Noche en el Museo

•2 Julio 2009 • Dejar un comentario

Las luces del taxi se perdían calle abajo mientras Alicia y sus amigas esperaban a que el amplio portón metálico se abriera a la hora convenida.

Reían nerviosas, excitadas. Era la primera vez que entraban en un museo de aquella manera y cerca de la medianoche.

Hablaban en voz baja, preguntándose si Carlos habría olvidado su cita, cuando el pequeño piloto rojo de la cámara de seguridad parpadeó unos instantes antes de que se accionara el mecanismo que abría la puerta.

Las tres amigas accedieron al oscuro interior, no sin cierto recelo, esperando alguna señal que les indicara por dónde debían seguir avanzando. No habían conseguido aún habituarse a la penumbra cuando un ligero chasquido les indicó que la puerta acababa de cerrarse tras ellas. Pasaron unos segundos antes de que pudieran vislumbrar la tenue luz de una linterna que se acercaba hacia ellas.

El haz avanzaba iluminando el pavimento con ligeras oscilaciones de derecha a izquierda guiando los pasos sordos de quien lo portaba. Las jóvenes no pudieron evitar un escalofrío primero y un cierto malestar después, al comprobar cómo Carlos se mofaba de su miedo y se iluminaba la cara colocándose la linterna bajo la barbilla. Alicia se sintió molesta por el recibimiento que su hermano les acababa de ofrecer y le recriminó su actitud propinándole un pellizco en el antebrazo.

- No vuelvas a hacer eso en tu vida, ¿me oyes? -le susurraba Alicia furiosa mientras cruzaban el amplio patio empedrado hasta la puerta de emergencia.

Una vez dentro, Carlos accionó varios de los interruptores del cuadro de luces y cerró cuidadosamente la puerta.

La paulatina iluminación de la sala sobre los impolutos muros, suavizó el impacto en las retinas de las tres amigas, que contemplaban asombradas la amplitud de aquella sala y cómo los lienzos parecían levitar sobre las inmensas paredes.

Carlos se adelantó para ir guiándolas a través de todas las exposiciones que tenían lugar en ese momento. Invirtieron poco más de media hora en recorrer la planta principal, donde la mayor parte de las estancias recogían las obras que varios artistas contemporáneos habían dedicado a la guitarra española. Después subieron por la escalera hasta el primer piso donde se encontraba la joya del museo, el Guernika de Pablo R. Picasso. Una de las jóvenes, Elena, sacó su cámara digital del bolso. Fotografiar esa obra de arte en su actual enclave era una oportunidad que no quería desaprovechar e hizo varias tomas hasta conseguir la instantánea que buscaba. Nadie se lo recriminó pues éste era el principal objetivo de su clandestina visita.

Eran casi las tres de la madrugada cuando Carlos decidió enseñarles el sótano atravesando un angosto y largo pasillo hacia una escalera de acceso restringido al público. No habían llegado aún a la mitad del corredor, cuando Alicia creyó oír un ligero tintineo. Dirigió la vista hacia el uniforme de su hermano buscando algún manojo de llaves que, con el movimiento, fuese origen de aquel repiqueteo, pero sólo pudo ver el Walkie-Talkie enganchado del cinturón.

El murmullo continuaba resonando a lo lejos y nadie más parecía haberse percatado de ello. Así que no tardó en buscar una excusa para poder averiguar de dónde procedía aquel ruido.

- ¿Hay algún baño por aquí?

- ¡Joder, hermanita, mira que eres oportuna…! -resopló Carlos acercándose a ella un tanto incómodo por haber interrumpido la instructiva charla con la que iba deleitando a sus amigas sobre la historia más reciente y espectral del edificio.

- ¿Ves esa puerta a la derecha por la que acabamos de pasar? Pues tira de ella y, hacia la mitad del pasillo, a la izquierda, está el baño de los empleados. ¡Venga, date prisa! Nosotros te esperamos aquí.

Alicia aceleró el paso desandando unos metros el corredor hasta la puerta indicada. Tiró de ella con fuerza y se adentró en otro corredor tan angosto y largo como el que acababa de dejar atrás. Para su sorpresa, comprobó que el tintineo era más nítido ahora. Siguió caminando y pasó el baño de largo. El pasillo parecía acabar en otro corredor que lo cortaba transversalmente y se intuía un poco más iluminado.

Se dirigía hacia la intersección cuando tuvo la sensación de que por más que anduviese, más se alejaba de su objetivo. Se detuvo y se apoyó contra la pared. No sabía si era un efecto óptico o no, pero aquello no parecía acabar nunca. Se disponía a abandonar su propósito cuando volvió a escuchar el murmullo acompañado del tañido de unas pequeñas campanillas a su espalda. Se giró y vio claramente cómo un grupo de etéreas y oscuras figuras atravesaba el corredor. Sintió un frío gélido que le erizó el vello de los brazos y la dejó paralizada. Retrocedió unos pasos sin apartar la vista del fondo del pasillo y anduvo hacia atrás hasta tropezar con la puerta que daba al corredor donde su hermano y sus amigas la esperaban.

Empujó la puerta y la cerró deprisa tras ella apoyando la espalda un momento para recuperar el aliento perdido. Unos metros más allá, ajeno a su angustia, Carlos continuaba narrando las vicisitudes por las que varios compañeros habían pasado en el turno de noche.

La tenue iluminación ayudó a que nadie se diera cuenta de la lividez de su rostro y continuaron su visita en cuanto se unió al grupo.

Al llegar al sótano, Carlos las hizo pasar a una estancia rectangular donde apenas aparecía una decena de obras expuestas. Elena seguía distraída disparando hacia cada uno de los pequeños lienzos retirándose lo suficiente como para que el flash no arruinara las tomas. Pero Alicia se sentía mal allí. No era sólo el hecho de creer haber visto algo raro, sino la presión que estaba experimentando en esa sala.

- No me encuentro bien. Me quiero ir… -dijo con un hilo de voz.

- Ya hemos terminado, hermanita, en seguida nos vamos.

- ¡Necesito salir de aquí ya…! -había aumentado el timbre de su voz sin darse cuenta.

- ¡Está bien, está bien…! -se apresuró a decir Carlos al ver la cara desencajada de su hermana.

Salieron aprisa de la sala y atravesaron en silencio otro largo pasillo que les condujo hacia una de las puertas de emergencia de la fachada lateral del edificio.

Se despidieron de Carlos, pararon un taxi y se acomodaron las tres en el asiento trasero. Alicia abrió la ventanilla y echó la cabeza hacia atrás para que la ligera y cálida brisa de junio hiciera desaparecer la palidez de su semblante. Cerró los ojos para no pensar, para no recordar nada de lo que había sucedido esa noche. Tan ensimismada estaba en intentar relajarse que no se percató de que ahora eran sus amigas las que, revisando las últimas fotografías, habían perdido el color de la tez.


Si hay alguien interesado en saber más sobre las historias fantasmagóricas que circulan sobre el Museo Reina Sofia de Madrid, aquí os dejo el enlace a la primera y segunda parte del video que he encontrado.

 


Esta semana el tema lo había propuesto yo y casi no lo cuento. Quiero decir que casi no llego. De hecho no he llegado, porque me he vuelto a saltar el Foro a la torera y lo estoy publicando en los últimos minutos del jueves. Pero sé que mis compañeros me perdonarán (o al menos, harán ímprobos esfuerzos para hacerlo, ¿a qué sí?).

Pues eso, el tema era el más allá, sin embargo, podréis comprobar que las historias de mis colegas no están tan lejos:

BLOODY, CRARIZAPSIQUI y XARBET  

Cuatro minutos de tributo

•28 Junio 2009 • Dejar un comentario

Sé que este pequeño homenaje, de apenas cuatro minutos, aumentará la saturación que sufre la red en estos días, pero no he podido evitarlo. Ha sido demasiada la influencia que este hombre ha tenido en la gente de mi generación como para obviar su repentina desaparición.

We are already missing you…
Rest In Peace