De la Anticipación a la Improvisación

•25 abril 2010 • 1 comentario

Que me guste viajar lo sabe cualquiera que haya pasado alguna vez por aquí. Lo que sólo unos pocos saben, es que evito hacer planes con mucha antelación. Esto es, escoger destino, comprar billetes y reservar hoteles a más de un mes vista.

Por eso, a principios de este año, cuando una amiga me propuso la idea de conocer Bucarest y Transilvania en Abril, una parte de mí se moría de ganas por visitar un destino tan poco habitual; la otra, sin embargo, no lo veía muy claro.

El tiempo fue pasando tan lentamente como se acrecentaba mi falta de interés. No entendía cómo era posible que no tuviera la más mínima ilusión por un viaje así. Normalmente, invierto horas buscando información sobre el sitio elegido: lugares pintorescos o poco frecuentados, rutas alternativas, leyendas, costumbres… Pero, en este caso, no encontraba alicientes.

Y llegó el día señalado, 17 de Abril, y con él, la respuesta a mis inquietudes: nuestro vuelo se cancelaba a causa de la nube volcánica.

Cierto es  que, en alguna ocasión, se me ha podido tildar de “bruja“, más  por lo de intuir cosas que por ir poniendo velas negras por ahí (por supuesto), pero, por mucha sensibilidad, percepción o poderes que se puedan llegar a tener, ¿quién se hubiera imaginado -hace tres meses- que un volcán islandés se encargaría de incrementar ese bulo?

Así pues, un viaje que llevaba tres meses preparándose, quedó desmantelado en media hora, lo que tardamos en cancelar vuelos, solicitar reembolsos y anular reservas, sentadas entre las maletas, en un rincón de la terminal 1 de Barajas con un portatil enchufado a la red.

Una vez resuelto ese problema, se nos presentaba otro: ¿qué hacíamos entonces? La mitad de las integrantes de la expedición rumana podíamos optar por volver a casa tranquilamente en no más de diez minutos. Pero la otra mitad se había cruzado medio país para llegar hasta aquí.

Tras someter a votación varios destinos, y descartando todo aquel que nos obligara a recurrir al transporte aéreo, nos decidimos por recorrer Navarra a bordo de dos coches.

Han sido unos días intensos, llenos de visitas a castillos y bosques, de historia,  de senderismo, de kilómetros de carretera, de buena comida, de risas y de inmejorable compañía, en los que, en ningún momento, he lamentado que un volcán echara por tierra nuestros planes iniciales.

La organización de este improvisado viaje no nos llevó más de dos horas (casi la cuarta parte de lo que he tardado en montar un video con las pocas fotos que tomé), por lo que, después de esta experiencia, me reafirmo en mi costumbre de no planificar nada con mucha antelación.

Diario de Batalla: Bruselas

•28 febrero 2010 • 6 comentarios

Estaba siendo un lunes muy complicado. La última semana del mes siempre lo es. Da igual que haya treinta días para hacer las cosas, al final siempre se aplica el famoso dicho “hasta el rabo todo es toro“, así que, mientras que la operación se ejecute dentro de ese mes, no hay por qué hacerlo antes del último día.

Quien me dio la noticia no sabía que, en lugar de alegrarme la jornada, me la estaba terminando de fastidiar. En dos semanas te esperan en Bruselas, me dijo, y en su cara se quedó la sonrisa típica del que cree haberte hecho un regalazo. ¡Mecagüentó…!, intentaba decir para mis adentros, pero no debí de esforzarme lo suficiente, porque creo que se notó un poco que las chispas que salían de mis ojos no eran de felicidad, precisamente.

Lunes, 8 de Febrero

Nueve de la mañana. Con apenas unas horas de sueño, llego a la capital europea. La niebla es tan espesa que me cuesta un rato localizar el coche que me espera.

Sólo veinte kilómetros de trayecto que se hacen interminables. Hora punta en una autovía de cuatro carriles donde sólo hay uno practicable. Los otros tres están llenos de camiones de todas partes de Europa que aprovechan la gratuidad de las carreteras belgas para atravesar la región central del continente. Somos el país que más contamina de la Unión, me dice el conductor con cierto sarcasmo.

Llego a mi destino, Anderlecht, una ciudad satélite a tan sólo seis kilómetros de Bruselas. El largo día de reuniones y demostraciones termina a las cinco de la tarde. Minutos después, un taxi me recoge para llevarme al hotel. Sólo necesito una ducha caliente y una cama.  Paso de salir a cenar y me quedo dormida con la tele encendida.

Martes, 9 de Febrero

Buenos días, señora. Son las siete y media. Abro los ojos. Todavía no sé qué me ha jodido más, si el zumbido del teléfono o que me llamen “señora“. En la televisión, las noticias hablan de la reunión de mandatarios europeos que tendrá lugar en la ciudad el próximo jueves. Me levanto y abro las cortinas. El día ya clarea y me permite ver la silueta del edificio que tengo frente a mí. Parece el escenario de un cuento de Dickens: chimeneas puntiagudas y tejados abuhardillados. No me entretengo y me voy a la ducha.

En recepción me han dicho que el taxi tardará unos quince minutos. Aprovecho para salir a fumar a la calle donde ya hay otros huéspedes haciendo lo mismo.

El día transcurre de manera similar al anterior. Hay previsión de nevadas para esta noche, me dicen en la oficina. Llevo viendo tanta nieve este invierno que ya es algo que ni me asusta ni me sorprende.

Regresando al hotel, me voy fijando en las calles por las que voy pasando para situarme un poco. Subo a la habitación, me pongo unos vaqueros, unas botas cómodas, una bufanda y salgo a dar una vuelta. 

Me acerco hasta la Avenue Louise, donde creo haber visto algunas tiendas. Tan pronto como me paro ante el escaparate de una conocida cadena española, el ruído del cierre automático me hace dar un brinco. Miro el reloj. ¡Son sólo las seis de la tarde! Me giro y echo un vistazo alrededor. Todos los comercios están haciendo lo mismo. Me niego a seguir mirando entre las rejas y continúo caminando. Al cabo de un rato, cansada de oir mis propios pasos por calles solitarias y poco iluminadas, decido volver al hotel atravesando la parte peatonal de Jean Stasstraat, donde pequeños restaurantes se suceden a lo largo de su corto recorrido. Lo más vistoso de cada uno de ellos, es el reclamo verbal con el que abrigados camareros llaman la atención del transeúnte desde el umbral de los establecimientos: pasen y degusten los exquisitos mejillones belgas, creo entender a uno.

Me como un sandwich en la cafetería antes de subir a la habitación. Enciendo el portátil y me conecto al correo aprovechando el despiste de algún vecino poco precavido. A los diez minutos se da cuenta y me deja sin conexión. Me acerco al ventanal y miro el cielo. Tiene un color entre gris y anaranjado que anuncia nieve, pero aún no hay rastro de ella.

Miércoles, 10 de Febrero

Descuelgo el teléfono. Me parece estar viviendo una situación parecida a la de  ”El Día de la Marmota“. La misma voz,  el mismo tratamiento, y la televisión encendida con las mismas noticias del día anterior. Debí quedarme dormida sin apagarla.

Me levanto de un salto recordando la predicción meteorológica. Abro las cortinas y todo lo que veo está cubierto de un grueso manto blanco. Las ventanas de la buhardilla de enfrente están llenas de escarcha.  El viento sopla con fuerza y sigue nevando con mucha intensidad. Es un espectáculo digno de inmortalizar, pero ahora no tengo tiempo de buscar la cámara.

Al salir del ascensor oigo que alguien, en un perfecto castellano, me vuelve a llamar “señora“. Es Alba, la jefe de recepción, que me advierte del colapso que está sufriendo la ciudad y me aconseja que pida el taxi antes de ir a desayunar. Le hago caso y me voy a comer algo.

Llevo más de una hora y dos cafés esperando el dichoso taxi. En ese tiempo, Alba ya me ha puesto al corriente de los estragos que la nieve está causando, del cierre del aeropuerto y del escaso porcentaje de taxistas (uno de cada diez) que se han arriesgado a trabajar en un día como éste.

Una hora más tarde, aparece mi medio de transporte. Son más de las diez de la mañana, pero intento tranquilizarme, al fin y al cabo, por la información que he conseguido, todo el mundo debe estar teniendo los mismos problemas.

El trayecto no está siendo nada divertido. El conductor intenta distraerme para que no me percate de lo mal que está la cosa. Silba una melodía que me es familiar. Intento identificarla. Mientras esté entretenida en averiguar de qué canción se trata menos cuenta me daré de cómo se descontrola el coche en cada giro.

Llego al edificio y me paso los primeros cinco minutos intentando quitarme la nieve de las botas y de los bajos del pantalón. Los últimos cincuenta metros los he tenido que hacer a pie porque no he visto muy convencido al taxista.

Apenas ha llegado la mitad del personal. Sólo un polaco, que tenía previsto asistir hoy a una reunión, lleva aquí desde primera hora. Se le vé un poco alterado y es que no entiende cómo la nieve puede haber afectado tanto a nadie. Para él, un día como el de hoy, es de lo más normal en Varsovia. Pensándolo bien, yo también estoy sorprendida. Ahora me doy cuenta de que en Madrid no estamos tan “atrasados” como muchos creen.

A pesar de todo, el día se me ha hecho corto. Vuelvo al hotel y lo primero que hago es descorrer las cortinas y buscar la cámara. No hay mucha luz, y el viento se ha llevado gran parte de la nieve que esta mañana cubría los tejados; aún así, hago un par de intentos.

Me está dando mucha pereza salir a la calle. Llamo al servicio de habitaciones y pido una pizza. Mientras espero, decido darme una ducha bien caliente e, inconscientemente, empiezo a tararear la melodía con la que el taxista me amenizó el viaje esta mañana. De pronto, me doy cuenta de que es Help de los Beatles. ¡Pobre hombre…!

Llega la pizza. Está francamente buena y recién hecha.
Esta noche me aseguro de dejar el televisor apagado.

Jueves, 11 de Febrero 

Abro un ojo y tanteo en la mesilla de noche buscando el móvil. Las siete y cuarto. Se nota que llevo tres días durmiendo más de lo habitual.

Me levanto y me acerco hasta el ventanal. La noche ha debido ser muy fría. Hay carámbanos de casi medio metro suspendidos a lo largo de todas las cornisas que alcanzo a ver. De pronto, se me hiela la sangre al oir el zumbido del teléfono y una voz masculina hablando en francés a mi espalda. Tardo unos segundos en comprender que la televisión se ha puesto sóla en marcha.  Descuelgo y balbuceo algo parecido a un “Gracias“.

Alba me ve aparecer en el vestíbulo y me saluda con la mano, haciéndome entender con un gesto que va a llamar ya al taxi. Parece que los problemas persisten.

Creo que el conductor que me ha tocado hoy en suertes me la está jugando. Lleva un rato zigzageando por calles estrechas y ya ha conseguido desorientarme por completo. Pronto comienzo a reconocer el lugar. Miro el taxímetro y no doy crédito. ¡Es el trayecto más barato de todos los que he hecho hasta ahora! 

Hoy, mis anfitriones han decidido abandonar los habituales canapés de media mañana y han hecho una reserva en un restaurante cercano. Me apetece conocer algo de la gastronomía del país. En este caso, al encontrarnos en Flandes, imagino que será cocina flamenca.

Llegamos a la localidad de Beersel, donde me dicen que hay un castillo medieval en muy buen estado que no consigo ver a causa de la niebla.

Toma-Mate reza el cartel de la entrada. El interior, decorado en piedra y maderas oscuras, huele a carne y brasas. La curiosidad me puede y pregunto a uno de mis acompañantes por el significado del nombre del local. Dímelo tú, me espeta. No entiendo, pero empiezo a relacionar olores, platos y palabras… ¡¡Es un argentino!!

Estoy agotada aunque creo que el atracón que me he dado hoy tiene mucho que ver. Así que decido aprovechar mi última noche en la ciudad y dedico un rato a estudiar el mapa que me dieron en recepción el primer día.

Tengo entendido que el Manneken-Pis tiene un guardarropa de lo más curioso, y lo muestra haciéndolo coincidir con ciertas fechas conmemorativas. Pero queda bastante retirado de donde me encuentro y lo descarto. Recuerdo entonces la pequeña fortaleza, enclavada en medio de una glorieta, que he visto de camino al hotel. La sitúo y veo que está a unos quince minutos a pie. Si tengo suerte, entre el flash de la cámara y los focos que pueda haber iluminándola, consigo una foto en condiciones.

Hace más de veinte minutos que abandoné el hotel, y aunque estoy convencida de ir en la dirección correcta, no soy capaz de encontrar lo que busco. Sigo caminando hasta llegar a un semáforo que me obliga a detenerme. Miro a mi alrededor, y, de entre unos árboles que hay en medio de la amplia plaza, aparece una oscura silueta. Hallepoort (Porte de Hal), indicaba un pequeño cartel junto a mí. Se me hace difícil de creer, pero si no llega a ser por esa parada inesperada, habría pasado de largo. Sopeso las posibilidades para una foto: estoy demasiado lejos, no hay luz suficiente alrededor, y la niebla vuelve a ceñirse sobre mi cabeza. Desisto.

La sensación de pesadez no se me va del estómago. Hoy, la caminata no ha servido de mucho. Caliento un poco de agua, mientras termino de hacer la maleta, y me hago un té.

Viernes, 12 de Febrero 

Me levanto con el hambre de tres personas. Apenas hay gente en el comedor. Ahora entiendo por qué son más caras las noches del martes y el miércoles.

Aviso a Alba para que vaya llamando al taxi y preparando la factura mientras subo a por mis cosas. Doy un último vistazo a la habitación antes de salir y, en el espejo del escritorio,  compruebo que no llevo pendientes. Saco el neceser y suena el teléfono. Señora, su taxi ya está aquí.

El día promete, a pesar del “sprint” que me acabo de dar. Por lo pronto, sólo trabajaré hasta las doce. Mi avión sale a las tres y media, y, viendo cómo ha estado todo estos días de atrás, prefiero prevenir.

Una inesperada llamada al móvil interrumpe el silencio dento del taxi. Señora (¡y dale!), soy Alba, ¿ha comprobado si le falta algo?. No entiendo, pero mi mente empieza a rebobinar hasta… ¡los pendientes! Cambio de planes y de ruta.

El tráfico está imposible en la ciudad, sin embargo, la llamada ha sido providencial. La circunvalación que debíamos tomar hacia el aeropuerto está completamente parada a causa de un accidente.

Con cuidado, guardo en el bolso el pequeño sobre que me han entregado en el hotel con las alhajas. El cinturón de seguridad no parece cumplir bien su misión; ya llevo varios paseos hasta la otra punta del asiento trasero. Creo que el conductor ha debido ver la insistencia con la que miro el reloj y está deseando perderme de vista. Hasta ha hecho un adelantamiento bastante temerario a un tranvía, con los consecuentes saltos que conlleva cruzar las vías de esa manera.

En lugar de besar el asfalto, decido fumarme un cigarro tranquilamente antes de entrar a facturar la maleta. No sé qué hora es, pero, al menos, he llegado… viva.

Rampas, escaleras, pasarelas, y más rampas, más escaleras, más pasarelas… ¡Esto parece una “gimkana”!. No me extraña que haya que venir con tanta antelación. 

Tres o cuatro kilómetros de carrera, un exhaustivo control de metales y un interminable recorrido por el pasillo del avión después, me dejo caer, hecha polvo, en un asiento de la última fila. Y en lo único que pienso es ¡¡y me lo quería yo perder…!!

Red S@stenible

•23 enero 2010 • Dejar un comentario

Consideramos imprescindible la retirada de la disposición final primera de la Ley de Economía Sostenible por los siguientes motivos: 

  1. Viola los derechos constitucionales en los que se ha de basar un estado democrático, en especial, la presunción de inocencia, libertad de expresión, privacidad, inviolabilidad domiciliaria, tutela judicial efectiva, libertad de mercado, protección de consumidoras y consumidores, entre otros.
  2. Genera para la Internet un estado de excepción en el cual la ciudadanía será tratada mediante procedimientos administrativos sumarísimos reservados por la Audiencia Nacional a narcotraficantes y terroristas.
  3. Establece un procedimiento punitivo “a la carta” para casos en los que los tribunales ya han manifestado que no constituían delito, implicando incluso la necesidad de modificar al menos 4 leyes, una de ellas orgánica. Esto conlleva un cambio radical en el sistema jurídico y una fuente de inseguridad para el sector de las TIC (Tecnología de la Información y la Comunicación). Recordamos, en este sentido, que el intercambio de conocimiento y cultura en la red es un motor económico importante para salir de la crisis como se ha demostrado ampliamente.
  4. Los mecanismos preventivos urgentes de los que dispone la ley y la judicatura son para proteger a toda la ciudadanía frente a riesgos tan graves como los que afectan a la salud pública. El gobierno pretende utilizar estos mismos mecanismos de protección global para beneficiar intereses particulares frente a la ciudadanía. Además, la normativa introducirá el concepto de “lucro indirecto”, es decir: a mí me pueden cerrar el blog porque “promociono” a uno que “promociona” a otro que vincula a un tercero que hace negocios presuntamente ilícitos. 
  5. Recordamos que la propiedad intelectual no es un derecho fundamental contrariamente a las declaraciones del Ministro de Justicia, Francisco Caamaño. Lo que es un derecho fundamental es el derecho a la producción literaria y artística.
  6. De acuerdo con las declaraciones de la Ministra de Cultura, esta disposición se utilizará exclusivamente para cerrar 200 webs que presuntamente están atentando contra los derechos de autor. Entendemos que si éste es el objetivo de la disposición, no es necesaria, ya que con la legislación actual existen procedimientos que permiten actuar contra webs, incluso con medidas cautelares, cuando presuntamente se esté incumpliendo la legalidad. Por lo que no queda sino recelar de las verdaderas intenciones que la motivan, ya que lo único que añade a la legislación actual es el hecho de dejar a la ciudadanía en una situación de grave indefensión jurídica en el entorno digital.
  7. Finalmente, consideramos que la propuesta del gobierno no sólo es un despilfarro de recursos sino que será absolutamente ineficaz en sus presuntos propósitos y deja patente la absoluta incapacidad por parte del ejecutivo de entender los tiempos y motores de la Era Digital.

La disposición es una concesión más a la vieja industria del entretenimiento en detrimento de los derechos fundamentales de la ciudadanía en la era digital. 

La ciudadanía no puede permitir de ninguna manera que sigan los intentos de vulnerar derechos fundamentales de las personas, sin la debida tutela judicial efectiva, para proteger derechos de menor rango como la propiedad intelectual. Dicha circunstancia ya fue aclarada con el dictado de inconstitucionalidad de la ley Corcuera (o ley de patada en la puerta). El Manifiesto en defensa de los derechos fundamentales en Internet, respaldado por más de 200.000 personas, ya avanzó la reacción y demandas de la ciudadanía ante la perspectiva inaceptable del gobierno. 

Para impulsar un definitivo cambio de rumbo y coordinar una respuesta conjunta, el 9 de enero se ha constituido la “Red SOStenible” una plataforma representativa de todos los sectores de la sociedad civil afectados. El objetivo es iniciar una ofensiva para garantizar una regulación del entorno digital que permita expresar todo el potencial de la Red y de la creación cultural respetando las libertades fundamentales. 

En este sentido, reconocemos como referencia para el desarrollo de la era digital, la Carta para la innovación, la creatividad y el acceso al conocimiento, un documento de síntesis elaborado por más de 100 expertos de 20 países que recoge los principios legales fundamentales que deben inspirar este nuevo horizonte. 

En particular, consideramos que en estos momentos es especialmente urgente la implementación por parte de gobiernos e instituciones competentes, de los siguientes aspectos recogidos en la Carta: 

  1. Las/os artistas, como todos los trabajadores, tienen que poder vivir de su trabajo (referencia punto 2 “Demandas legales”, párrafo B. “Estímulo de la creatividad y la innovación”, de la Carta);
  2. La sociedad necesita para su desarrollo de una red abierta y libre (referencia punto 2 “Demandas legales”, párrafo D “Acceso a las infraestructuras tecnológicas”, de la Carta); 
  3. El derecho a cita y el derecho a compartir tienen que ser potenciados y no limitados como fundamento de toda posibilidad de información y constitutivo de todo conocimiento (referencia punto 2 “Demandas legales”, párrafo A “Derechos en un contexto digital”, de la Carta); 
  4. La ciudadanía debe poder disfrutar libremente de los derechos exclusivos de los bienes públicos que se pagan con su dinero, con el dinero publico (referencia punto 2 “Demandas legales”, párrafo C “Conocimiento común y dominio público”, de la Carta); 
  5. Consideramos necesaria una reforma en profundidad del sistema de las entidades de gestión y la abolición del canon digital (referencia punto 2 “Demandas legales”, párrafo B. “Estímulo de la creatividad y la innovación”, de la Carta).

Por todo ello hoy se inicia la campaña INTERNET NO SERA OTRA TELE y se llevarán a cabo diversas acciones ciudadanas durante todo el periodo de la presidencia española de la UE. 

Consideramos particularmente importantes en el calendario de la presidencia de turno española, el II Congreso de Economía de la Cultura (29 y 30 de marzo en Barcelona), Reunión Informal de ministros de Cultura (30 y 31 de marzo en Barcelona) y la reunión de ministros de Telecomunicaciones (18 a 20 de abril en Granada). 

La Red tiene previsto reunirse con representantes nacionales e internacionales de partidos políticos, representantes de la cultura y legaciones diplomáticas. 

Firmado Red SOStenible 

La Red Sostenible somos todos. Si quieres adherirte a este texto, cópialo, blogguéalo, difúndelo. 

Tarde de Nieve, Noche de Insomnio

•11 enero 2010 • 4 comentarios

Lleva nevando varias horas y aún no ha parado de hacerlo. Es ya muy tarde pero no puedo pensar en irme a dormir sabiendo que quizá mañana no pueda salir de casa.

Los copos  comenzaron siendo minúsculas perlas transparentes que se estrellaban contra el suelo sin apenas dejar constancia de su efímera existencia, pero que han acabado cubriendo de blanco casi todo lo que alcanzo a ver.

A lo largo de las horas, he podido comprobar cómo iban desapareciendo algunos elementos del paisaje habitual  bajo la nieve.  He visto gente que parecía pasear idilicamente bajo la incesante nevada, pero que no presentaban curiosidad por mirar atrás y ver cómo sus pisadas eran rápidamente cubiertas de nuevo.

Ahora, intentando paliar este molesto insomnio con una infusión caliente, mientras contemplo la estampa tras los ventanales, es cuando me ha dado por comparar lo momentáneo y bello de esos primeros copos con el romántico inicio de cualquier historia de amor; el pausado caminar de unos transeuntes que tan  sólo intentan mantenerse en pie, con la imagen de seguridad que pueda dar alguien que, en realidad, está llena de miedos y temores; la blanca superficie que invita a lanzarse a la calle a dejar una huella en la acera o a trazar una silueta sobre el cristal de un coche,  con la imagen de una página en blanco sobre la que volver a escribir una nueva historia, o con un lienzo en el que dibujar un  nuevo comienzo, o con la nada de la que todo vuelve a resurgir.

Probablemente, mañana no pueda acudir al trabajo, más por la nieve que por el sueño, pero dispondré de una enorme e impoluta pizarra blanca sobre la que imaginar el boceto de algo nuevo.

Foto por cortesía de http://wvs.topleftpixel.com/
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Club de los Jueves: Billete de Ida

•3 diciembre 2009 • 2 comentarios

Sabía que no era buena época para viajar al norte. De hecho, en el último momento, había decidido prescindir del coche y sacar un billete en el autobús de línea a Oviedo.

Me habían dicho que la carretera no estaba mal, pero que lo peor lo encontraría en el Puerto de Pajares, donde, a esas alturas del mes de Diciembre, era probable que encontrarse niebla o incluso nieve, mucha nieve.

Lo cierto es que mis amigos me habían pintado el panorama de la manera más negra posible, aunque terminaron desistiendo ante mi actitud firme de conocer a Elisa, la persona que me había robado el corazón hacía ya tres meses. Llevaba un par de semanas preparándole esta sorpresa, aguantándome las ganas de decírselo en cada uno de los correos que intercambiábamos, y no iba a cambiar de opinión ahora.

El frío de aquella mañana gris se reflejaba en los rostros de los que, junto a mí, aguardaban su turno para subir al autobús. Una sensación con la que no conseguía empatizar porque en mi corazón estallaba la primavera, y todo se me antojaba colorido y cálido.

Una vez dentro, conseguí alojar el pequeño bolso de viaje en el único hueco disponible que encontré en la repisa superior. Me acomodé en mi asiento, a orillas del pasillo, junto a una señora que parecía dormitar, aunque, en realidad, sólo tenía los ojos entornados y entonaba calladamente una especie de rezo.

Salimos de la estación a la hora estipulada. Abandonar Madrid llevó más tiempo. La carretera que nos debía sacar de la ciudad estaba completamente colapsada. Al parecer, un accidente ocurrido a unos veinte kilómetros de donde nos encontrábamos fue la causa de que invirtiéramos casi dos horas en un trayecto de poco más de quince minutos.

Entrábamos en el aparcamiento de un área de servicio de la provincia de León, justo a la misma hora a la que deberíamos estar llegando a nuestro destino. Por los altavoces, pudimos oír cómo el conductor nos anunciaba que la parada sería más corta de lo habitual debido al retraso que llevábamos, así que decidí sacrificar un café caliente por una visita al baño, aunque, afortunadamente, tuve tiempo para ambas cosas.

Una densa niebla nos recibió a la entrada del puerto de montaña. A medida que ascendíamos, los márgenes de la carretera se hacían cada vez más difíciles de divisar. Sin embargo, había tramos en los que la neblina daba una tregua y permitía ver el manto blanco que cubría las laderas de las montañas que nos rodeaban.

Al poco de emprender el descenso, la niebla desapareció como por arte de magia. El paisaje era espectacular y me sentía orgulloso de haber acertado con la decisión de dejar el coche en casa. Con la cabeza inclinada hacia el pasillo para poder tener una mejor perspectiva de la carretera, devoraba cualquier letrero -pista de frenado a 500 metros-, panel luminoso -precaución, placas de hielo- o señal de tráfico -desnivel 17%.

A partir de ahí, lo único que recuerdo, es el estallido de los cristales cuando el autobús empezó a rodar sobre sí mismo por la ladera nevada. Y cuando en una de sus múltiples vueltas, salí despedido por la ventanilla arrollando a mi paso a la señora que viajaba a mi lado. Lo que no consigo traer a la mente es el momento en el cual quedé atrapado debajo de los restos del vehículo. Ni siquiera soy consciente de haber pasado por una intervención de más de siete horas, pero el hecho de que no pueda sentir los pies debajo de estas blancas sábanas me hace suponer que Elisa va a estar un tiempo sin noticias mías.


Juan, un antiguo miembro del Club, ha querido hacer una aparición especial y no sólo se ha conformado con colar un relato, sino que nos ha propuesto el tema de esta semana, Un Viaje en Autobús.

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Club de los Jueves: Hojas de Hierba

•19 noviembre 2009 • 8 comentarios

El tren accedió a la estación envuelto en su habitual estruendo. Era ya bastante tarde y probablemente fuese aquél el último convoy que hacía el recorrido hasta mi casa. Uno tras otro, fueron pasando vagones vacíos hasta que finalmente se detuvo ante mí. Cuando entré, pude comprobar que había alguien sentado hacia la mitad del vagón, y al contrario de lo que hubiera hecho en cualquier otro momento, decidí acercarme hasta el conjunto de asientos que se hallaba frente al solitario viajero.

Era un hombre bastante mayor, enfundado en un grueso abrigo gris, que me dedicó una sonrisa en cuanto me acomodé. Le correspondí, e inmediatamente después, fijé la vista en el panel de información que tenía delante de mí.

Tan pronto reanudamos la marcha, me sorprendí observando su reflejo a través de los cristales de las ventanillas. Había algo en el rostro del hombre que, lejos de incomodarme, me intrigaba. Quizá fuese esa ligera mueca en sus labios, como si sonriera al recordar algún hecho agradable. O bien, esa mirada distraída que se estrellaba, al igual que la mía, contra su propia imagen en el cristal. Pero, lo que más atrajo mi atención, fue el libro que llevaba en las manos, medio escondido entre los pliegues del abrigo, y entre cuyas páginas reposaba el pulgar de su mano izquierda.

Poco antes de detenernos en la parada anterior a la mía, el hombre se incorporó lentamente de su asiento, se atusó un poco la vestimenta, me volvió a sonreír y se dirigió a la puerta. Inconscientemente, intenté seguir sus pasos con la mirada, pero su silueta acabo difuminándose entre las sombras del andén.

De nuevo en marcha, volví la vista hacia el reflejo que sabía me ofrecería ahora el asiento vacío, pero no fue del todo así. El libro yacía olvidado junto al respaldo. Me acerqué y lo cogí. Hojas de Hierba (Walt Whitman). Nunca había oído hablar de él, pero lo abrí por el lugar donde había quedado doblada la esquina de una de sus hojas, y leí:

“Soy un hombre que, vagando a la ventura y sin detenerse, os dirige una mirada casual y vuelve el rostro, dejando que vosotros lo analicéis y lo defináis, esperando de vosotros lo más importante.“

“Desconocido, si al pasar junto a mí deseas hablarme, ¿por qué no has de hablarme? ¿Y por qué no he de hablarte?”

“Tú, lector, palpitas de vida y de orgullo y de amor como yo, para ti, pues, estos cantos.”

(…)

Años después, y pese al misterio que envolvió la situación de tan peculiar hallazgo, sigo pensando que aquel hombre sólo pretendía deshacerse del libro.


Natali ha sido quien esta semana ha propuesto “Aquel Libro“ como tema. Y el resto de libros y relatos (¿o son relatos y libros?) están aquí:

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Historia de Dos Cerebros

•3 noviembre 2009 • 8 comentarios

De todas las teorías que había escuchado al respecto, esta me parece la más divertida…

Es un poco largo, pero merece la pena.


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De Viajes e Historias

•25 octubre 2009 • 8 comentarios

Si hay algo que nunca dejaré de agradecer a mis padres es el espíritu viajero que inculcaron a sus hijos. Ambos procedían de familias no muy extensas, pero sí muy desperdigadas, por lo que los recuerdos de mi infancia están plagados de viajes a lo largo y ancho de toda la península. Cualquier fin de semana era bueno para escaparse a visitar algún familiar al más puro estilo cuéntame.

Aquellas interminables horas de carretera no eran más que una fuente de conocimientos de la que bebíamos sin apenas darnos cuenta. Cualquier pueblo que atravesáramos, una indicación vial, un campo de olivos, un adelantamiento mal hecho, un castillo en lo alto de una loma, un camionero que nos cediera el paso, todo tenía una historia o una reflexión.

Al crecer, cada uno fue creándose su propio itinerario, sus propias historias. Pero en lo que nosotros crecíamos y descubríamos lugares nuevos, exóticos y lejanos, ellos, mis padres, se hacían más cómodos, más sedentarios, más mayores…

Hace un par de semanas, mi hermana y yo decidimos retomar viejas costumbres. Y el que antes nos enseñaba, ahora se dejaba llevar observándolo todo con la curiosidad de un niño, aún sin dejar de añorar a su inseparable compañera de viaje.

El destino elegido fue una pequeña localidad próxima a la costa lucense en la que nunca antes habíamos estado, y a la que se había trasladado parte de la rama gallega de la familia.

Un GPS demasiado inteligente y unas indicaciones mal interpretadas nos hicieron desviarnos de nuestra ruta y adentrarnos en lo más profundo de los bosques gallegos. Eucaliptos, castaños, robles, abetos y pinos fue todo lo que vimos en la última hora y media de camino. Cuarenta kilómetros llenos de historias de cuando todas las carreteras eran como aquella, de aldeas abandonadas, de troncos cortados y apilados en la ladera que amenazaban con caérsenos encima, de molinos eólicos, de sendas forestales, de árboles petrificados, de leyendas, de niebla…

No creo que pudiera perderme de nuevo si alguna vez decidiera volver por allí, pero me alegro de haberlo hecho esta vez y de que mi padre tenga una historia más que contar.

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Club de los Jueves: Sin Palabras

•22 octubre 2009 • 14 comentarios

Un Gafe era el tema propuesto por Xarbet para el relato de esta semana, y tantas ganas le había puesto en sacar una historia adelante que me he debido de gafar yo solita…

Así que, como no se puede sacar creatividad de donde no la hay, y aún a riesgo de que todos piensen que he decidido cambiarme de bando, aquí dejo mi aportación (por llamarlo de alguna manera) al Club de los Jueves… (esta vez sí que me echan…)

Por cierto, los relatos de verdad están aquí:

BLOODY, BUSCOPETERPAN, CONCIERTOARTECRARIZA, FRANCISCOJUANRA,  NANAH,  NATALI,  PSIQUISAPPY  y  XARBET  

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Que el Viento no se lleve las Palomas

•21 septiembre 2009 • 14 comentarios

El Día Internacional de la Paz, que se observa todos los años cada 21 de septiembre, es un llamamiento mundial al cese el fuego y a la no violencia. Este año, el Secretario General está pidiendo a los gobiernos y a los ciudadanos que centren su atención en el desarme nuclear y en la no proliferación.

El 13 de junio de 2009, el Secretario General, Ban Ki-moon, lanzó una campaña por medio de plataformas múltiples con el lema Debemos desarmarnos para conmemorar la cuenta de 100 días que culminaron en el Día Internacional de la Paz, el 21 de septiembre.

Las Naciones Unidas continuarán creando conciencia acerca de los peligros y el coste de las armas nucleares, y del por qué el desarme nuclear y la no proliferación de las mismas son tan fundamentales.

La Asamblea General de las Naciones Unidas estableció en 1981 el Día Internacional de la Paz para “conmemorar y fortalecer los ideales de paz en cada nación y cada pueblo, y entre ellos”. Veinte años después, la Asamblea General decidió que el 21 de septiembre de cada año se observara un “día de cese el fuego y de no violencia en todo el mundo”, e invitó a todos los Estados Miembros, a las organizaciones y a todas las personas, a conmemorar ese día, entre otras cosas, mediante la educación y la sensibilización del público, y a cooperar con las Naciones Unidas en el establecimiento de un cese del fuego a nivel mundial.    

Fuente: Naciones Unidas 

Why can’t we be (together)? 
Could you love me, don’t hate me 
I don’t see (why can’t we live together)  
Maybe we could get it on (maybe we could get along)  
Should be our destiny 
If you want to rise up  
We can make this hate stop  
Now don’t you want to rise up
   

¿Por qué no podemos estar (juntos)?
Podrías quererme, no me odies
No veo (por qué no podemos convivir)
Podríamos intentarlo (podríamos llevarnos bien)
Puede que sea nuestro destino
Pero, si quieres rebelarte
Podemos acabar con este odio
¿No quieres que termine?
  

We’ve been giving hate a chance 
(We’ve got all this love to give, you know)
And the love will be running out for us
Can you feel the dreams of life? 
We’re hoping we can still survive 
As the wind carries every dove away
  

Le hemos estado dando oportunidades al odio
(Tenemos tanto bueno por dar, lo sabes)
Y ese amor se nos acabará
¿Podéis entender las ilusiones de una vida?
Esperamos poder sobrevivir
cuando el viento se lleve lejos a las palomas
 

So why do we see (these colours
It’s only skin deep, don’t mean a thing 
So clear (underneath this we’re all brothers
(Can’t you see it’s killing us?)
(Can’t you see it’s killing us?)

Can’t you see it’s killing me?
Trigger happy fantasy
So stand up and be (so strong now)
We can make this hate stop
Now don’t you want to rise up?
 

Entonces, por qué vemos (estos colores)
Es sólo una cuestión de piel, no significa nada más
Algo tan fino (que bajo ella somos todos hermanos)
(¿No ves que nos está matando?)
(¿No ves que nos está matando?)

¿No ves que me está matando?
Dispara buenas intenciones
Así que levántate y se (fuerte ahora)
Podemos acabar con este odio
¿No quieres que termine?
  

We’ve been giving hate a chance
(We’ve got all this love to give, you know)
And the love will be running out for us
Can you feel the dreams of life?
We’re hoping we can still survive
As the wind carries every dove away
   

Le hemos estado dando oportunidades al odio
(Tenemos tanto bueno por dar, lo sabes)
Y ese amor se nos acabará
¿Podéis entender las ilusiones de una vida?
Esperamos poder sobrevivir
cuando el viento se lleve lejos a las palomas
 

The wind carries every dove away
The wind carries every dove away
(Every dove away) Dove…
    

El viento se lleve lejos a las palomas
El viento se lleve lejos a las palomas
(Lejos a las palomas) Paloma…
 

Now you’ve been taking our dignity for too long
I want to save this sanctity that we hold
And who’s right and who’s wrong
We’re not so different anyway
Words are in this song 
Can’t we stop the fighting?
  

Habéis jugado con nuestra dignidad demasiado tiempo
Quisiera proteger todo lo bueno que hay en nosotros
Y quién está en lo cierto, y quién se equivoca
Después de todo, no somos tan diferentes
Las palabras están en esta canción
¿Acaso no podemos acabar con las guerras?
 

We’ve been giving hate a chance
(We’ve got all this love to give, you know)
And the love will be running out for us
Can you feel the dreams of life?
We’re hoping we can still survive
As the wind carries every dove away
   

Le hemos estado dando oportunidades al odio
(Tenemos tanto bueno por dar, lo sabes)
Y ese amor se nos acabará
¿Podéis entender las ilusiones de una vida?
Esperamos poder sobrevivir
cuando el viento se lleve lejos a las palomas
  

Don’t give this hate a chance
We’ve got all this love to give, you know
That this dream’s alive, will still survive
Until no more people have to cry
    

No demos oportunidades al odio
Tenemos tanto bueno por dar, lo sabes
Que este sueño está vivo y que sobrevivirá
Hasta que nadie más tenga que llorar

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