De todas las teorías que había escuchado al respecto, esta me parece la más divertida…
Es un poco largo, pero merece la pena.

De todas las teorías que había escuchado al respecto, esta me parece la más divertida…
Es un poco largo, pero merece la pena.
Si hay algo que nunca dejaré de agradecer a mis padres es el espíritu viajero que inculcaron a sus hijos. Ambos procedían de familias no muy extensas, pero sí muy desperdigadas, por lo que los recuerdos de mi infancia están plagados de viajes a lo largo y ancho de toda la península. Cualquier fin de semana era bueno para escaparse a visitar algún familiar al más puro estilo cuéntame.
Aquellas interminables horas de carretera no eran más que una fuente de conocimientos de la que bebíamos sin apenas darnos cuenta. Cualquier pueblo que atravesáramos, una indicación vial, un campo de olivos, un adelantamiento mal hecho, un castillo en lo alto de una loma, un camionero que nos cediera el paso, todo tenía una historia o una reflexión.
Al crecer, cada uno fue creándose su propio itinerario, sus propias historias. Pero en lo que nosotros crecíamos y descubríamos lugares nuevos, exóticos y lejanos, ellos, mis padres, se hacían más cómodos, más sedentarios, más mayores…
Hace un par de semanas, mi hermana y yo decidimos retomar viejas costumbres. Y el que antes nos enseñaba, ahora se dejaba llevar observándolo todo con la curiosidad de un niño, aún sin dejar de añorar a su inseparable compañera de viaje.
El destino elegido fue una pequeña localidad próxima a la costa lucense en la que nunca antes habíamos estado, y a la que se había trasladado parte de la rama gallega de la familia.
Un GPS demasiado inteligente y unas indicaciones mal interpretadas nos hicieron desviarnos de nuestra ruta y adentrarnos en lo más profundo de los bosques gallegos. Eucaliptos, castaños, robles, abetos y pinos fue todo lo que vimos en la última hora y media de camino. Cuarenta kilómetros llenos de historias de cuando todas las carreteras eran como aquella, de aldeas abandonadas, de troncos cortados y apilados en la ladera que amenazaban con caérsenos encima, de molinos eólicos, de sendas forestales, de árboles petrificados, de leyendas, de niebla…
No creo que pudiera perderme de nuevo si alguna vez decidiera volver por allí, pero me alegro de haberlo hecho esta vez y de que mi padre tenga una historia más que contar.
La fotografía forma parte de una presentación de diapositivas que no he podido colgar aquí pero que está disponible en mi otro blog. Solo hay que pinchar en la imagen para ir hasta allí.
Un Gafe era el tema propuesto por Xarbet para el relato de esta semana, y tantas ganas le había puesto en sacar una historia adelante que me he debido de gafar yo solita… ![]()
Así que, como no se puede sacar creatividad de donde no la hay, y aún a riesgo de que todos piensen que he decidido cambiarme de bando, aquí dejo mi aportación (por llamarlo de alguna manera) al Club de los Jueves… (esta vez sí que me echan…
)
Por cierto, los relatos de verdad están aquí:
BLOODY, BUSCOPETERPAN, CONCIERTOARTE, CRARIZA, FRANCISCO, JUANRA, NANAH, NATALI, PSIQUI, SAPPY y XARBET
- ¿El Club de los Jueves? Pues ahora mismo no caigo….
- Sí, hombre, ¿no son esa panda de freaks que todos los jueves ponen relatos sobre un mismo tema…?
¡Efectivamente!
Y estás de suerte, porque en El Club de los Jueves buscamos gente como tú.
¿Qué hace falta para pertenecer al Club?
Poca cosa, tener un blog (NO importa si no es en la Comunisecta), algo de tiempo y sobre todo, ganas de escribir.
¿Cómo se supone que funciona este tinglao?
Hay un foro en el que debes registrarte. Una vez registrado, cada semana sólo tendrás que subir tu relato al foro, y los demás compañeros lo leeremos y te daremos nuestra sincera opinión.
La idea es que 4 ojos ven más que 2, y 6 ven más que 4 (y así sucesivamente)… Así que si hay algo en tu historia que no está claro, que se contradice, o simplemente que no convence, te lo decimos en el foro.
Tú puedes tener en cuenta las opiniones o pasártelas por el forro, que pa’eso es tu relato. Si decides tenerlas en cuenta y cambiar cosas, vuelves a subirlo después de hacer los cambios, y los demás volvemos a leerlo y a opinar… y así hasta que llegue el jueves en cuestión y pongas tu relato en el blog.
¿Cómo consigo la dirección del foro?
Si estás interesado, puedes mandarle un mensaje de contacto a cualquiera de los miembros del club (crariza, xarbet, psiqui, bloody y yo misma) y ellos te mandarán la dirección.
¿Qué pasa si una semana no me da tiempo a escribir el relato y lo hago a última hora sin pasar por el foro?
En ese caso tendrás que pagar una multa de 50 euros y… Que nooooooo, que no pasa na’…. Bueno, pasa que tú te lo pierdes, porque en el foro los relatos se trabajan bastante más, que es de lo que se trata.
¿Y si no me da tiempo a secas? ¿O si el tema no me inspira?
No es obligatorio escribir todas las semanas, aunque lo suyo sería esforzarse y hacerlo. Pero si ves que no vas a postear tu relato, puedes dejar un mensaje en el foro para que esa semana no te incluyamos en los links, aunque tampoco es obligatorio…
¿Y si dos miembros ponemos la misma canción?
Eso es que te has equivocado de día y de club …
NORMAS DE SENTIDO COMÚN
Y a mí no se me ocurre nada más, así que resumiendo…
Si eres de los que cree que podría usar su imaginación en algo que luzca de verdad, en lugar de desperdiciarla en esas elaboradas excusas que pones cada domingo para escaquearte de ir a comer a casa de los suegros…
Si eres de los que cuando lees nuestros relatos piensa “¡¡eso lo escribo yo con la po… gorra!!”…
O si sólo quieres que todos te digan lo bien que lo haces …
No lo pienses más, éste es tu Club¡¡
Y lo mejor de todo, si dices que vienes de parte de alguien (de cualquiera) la matricula ¡¡¡te saldrá gratis!!! (*)
¿A qué estás esperando? ¡Venga, no hagas pereza, que pa’luego es tarde!
(*) Válido sólo durante los meses en los que haya jueves. Consultar otras ofertas para Islas Canarias y Baleares.
Estudios recientes están por concluir que Cristóbal Colón pudo descubrir América sólo porque…
Al comienzo de cada uno de los veranos que pasé al otro lado del charco, anhelaba que la temperatura superara los quince grados centígrados (finales de Junio), para ver cómo las emisoras de radio dejaban a un lado su habitual lista de éxitos y arrancaban su peculiar disputa para elegir la que sería la canción del verano. Afortunadamente, el fenómeno Georgie Dann no era conocido por aquellas tierras, así que la gran mayoría de los temas que optaban al galardón estaban dentro de un género que los autóctonos denominaban “City Jazz”.
Era mi época preferida del año, y no porque fuera época de baño en los Grandes Lagos, donde los carteles clavados en la arena recomendaban una inmersión no superior a los tres minutos (ni siquiera en los meses más calurosos del año), o bien indicaban al bañista unos nieveles de contaminación que le hacían cambiar de idea. Tampoco porque pudiese disfrutar de unas vacaciones, ya que los quince días establecidos por convenio los empleaba en venir a casa por Navidad (como el turrón). Aún así, disfrutaba de aquellas pocas semanas dejando que la música acompañara a mi imaginación surcando los casi diez mil kilómetros que me separaban de esos lugares que sólo estaban en mis recuerdos.
Eran acordes que me incitaban a cerrar los ojos y dejarme llevar hasta cualquiera de aquellas noches estivales en España. A las fiestas a pie de playa, a los trayectos en coche dejando que el viento me enredara el pelo, al encuentro con los amigos en una terraza al atardecer, a las risas, a un beso robado a la luz de la luna, a la vida…
Cuando regresé a casa, comprendí que nada de todo aquello volvería a ser igual. La mayoría de mis amigos había evolucionado (lógicamente) y ahora eran adultos con obligaciones familiares. Muchos de los sitios en los que nos solíamos reunir habían dejado de existir hacía tiempo. Las fiestas en la playa ya no estaban permitidas, a no ser que las organizara el Ayuntamiento. Y la canción del verano ya no tenía los pegadizos estribillos de antaño (por suerte).
Ha pasado mucho tiempo desde entonces, y, paradójicamente, cada vez que consigo escuchar algo parecido al “City Jazz”, mi memoria no me lleva a los veranos de las fiestas en la playa, sino a aquellos en los que la nostalgia me hacía viajar hasta allí…
Las luces del taxi se perdían calle abajo mientras Alicia y sus amigas esperaban a que el amplio portón metálico se abriera a la hora convenida.
Reían nerviosas, excitadas. Era la primera vez que entraban en un museo de aquella manera y cerca de la medianoche.
Hablaban en voz baja, preguntándose si Carlos habría olvidado su cita, cuando el pequeño piloto rojo de la cámara de seguridad parpadeó unos instantes antes de que se accionara el mecanismo que abría la puerta.
Las tres amigas accedieron al oscuro interior, no sin cierto recelo, esperando alguna señal que les indicara por dónde debían seguir avanzando. No habían conseguido aún habituarse a la penumbra cuando un ligero chasquido les indicó que la puerta acababa de cerrarse tras ellas. Pasaron unos segundos antes de que pudieran vislumbrar la tenue luz de una linterna que se acercaba hacia ellas.
El haz avanzaba iluminando el pavimento con ligeras oscilaciones de derecha a izquierda guiando los pasos sordos de quien lo portaba. Las jóvenes no pudieron evitar un escalofrío primero y un cierto malestar después, al comprobar cómo Carlos se mofaba de su miedo y se iluminaba la cara colocándose la linterna bajo la barbilla. Alicia se sintió molesta por el recibimiento que su hermano les acababa de ofrecer y le recriminó su actitud propinándole un pellizco en el antebrazo.
- No vuelvas a hacer eso en tu vida, ¿me oyes? -le susurraba Alicia furiosa mientras cruzaban el amplio patio empedrado hasta la puerta de emergencia.
Una vez dentro, Carlos accionó varios de los interruptores del cuadro de luces y cerró cuidadosamente la puerta.
La paulatina iluminación de la sala sobre los impolutos muros, suavizó el impacto en las retinas de las tres amigas, que contemplaban asombradas la amplitud de aquella sala y cómo los lienzos parecían levitar sobre las inmensas paredes.
Carlos se adelantó para ir guiándolas a través de todas las exposiciones que tenían lugar en ese momento. Invirtieron poco más de media hora en recorrer la planta principal, donde la mayor parte de las estancias recogían las obras que varios artistas contemporáneos habían dedicado a la guitarra española. Después subieron por la escalera hasta el primer piso donde se encontraba la joya del museo, el Guernika de Pablo R. Picasso. Una de las jóvenes, Elena, sacó su cámara digital del bolso. Fotografiar esa obra de arte en su actual enclave era una oportunidad que no quería desaprovechar e hizo varias tomas hasta conseguir la instantánea que buscaba. Nadie se lo recriminó pues éste era el principal objetivo de su clandestina visita.
Eran casi las tres de la madrugada cuando Carlos decidió enseñarles el sótano atravesando un angosto y largo pasillo hacia una escalera de acceso restringido al público. No habían llegado aún a la mitad del corredor, cuando Alicia creyó oír un ligero tintineo. Dirigió la vista hacia el uniforme de su hermano buscando algún manojo de llaves que, con el movimiento, fuese origen de aquel repiqueteo, pero sólo pudo ver el Walkie-Talkie enganchado del cinturón.
El murmullo continuaba resonando a lo lejos y nadie más parecía haberse percatado de ello. Así que no tardó en buscar una excusa para poder averiguar de dónde procedía aquel ruido.
- ¿Hay algún baño por aquí?
- ¡Joder, hermanita, mira que eres oportuna…! -resopló Carlos acercándose a ella un tanto incómodo por haber interrumpido la instructiva charla con la que iba deleitando a sus amigas sobre la historia más reciente y espectral del edificio.
- ¿Ves esa puerta a la derecha por la que acabamos de pasar? Pues tira de ella y, hacia la mitad del pasillo, a la izquierda, está el baño de los empleados. ¡Venga, date prisa! Nosotros te esperamos aquí.
Alicia aceleró el paso desandando unos metros el corredor hasta la puerta indicada. Tiró de ella con fuerza y se adentró en otro corredor tan angosto y largo como el que acababa de dejar atrás. Para su sorpresa, comprobó que el tintineo era más nítido ahora. Siguió caminando y pasó el baño de largo. El pasillo parecía acabar en otro corredor que lo cortaba transversalmente y se intuía un poco más iluminado.
Se dirigía hacia la intersección cuando tuvo la sensación de que por más que anduviese, más se alejaba de su objetivo. Se detuvo y se apoyó contra la pared. No sabía si era un efecto óptico o no, pero aquello no parecía acabar nunca. Se disponía a abandonar su propósito cuando volvió a escuchar el murmullo acompañado del tañido de unas pequeñas campanillas a su espalda. Se giró y vio claramente cómo un grupo de etéreas y oscuras figuras atravesaba el corredor. Sintió un frío gélido que le erizó el vello de los brazos y la dejó paralizada. Retrocedió unos pasos sin apartar la vista del fondo del pasillo y anduvo hacia atrás hasta tropezar con la puerta que daba al corredor donde su hermano y sus amigas la esperaban.
Empujó la puerta y la cerró deprisa tras ella apoyando la espalda un momento para recuperar el aliento perdido. Unos metros más allá, ajeno a su angustia, Carlos continuaba narrando las vicisitudes por las que varios compañeros habían pasado en el turno de noche.
La tenue iluminación ayudó a que nadie se diera cuenta de la lividez de su rostro y continuaron su visita en cuanto se unió al grupo.
Al llegar al sótano, Carlos las hizo pasar a una estancia rectangular donde apenas aparecía una decena de obras expuestas. Elena seguía distraída disparando hacia cada uno de los pequeños lienzos retirándose lo suficiente como para que el flash no arruinara las tomas. Pero Alicia se sentía mal allí. No era sólo el hecho de creer haber visto algo raro, sino la presión que estaba experimentando en esa sala.
- No me encuentro bien. Me quiero ir… -dijo con un hilo de voz.
- Ya hemos terminado, hermanita, en seguida nos vamos.
- ¡Necesito salir de aquí ya…! -había aumentado el timbre de su voz sin darse cuenta.
- ¡Está bien, está bien…! -se apresuró a decir Carlos al ver la cara desencajada de su hermana.
Salieron aprisa de la sala y atravesaron en silencio otro largo pasillo que les condujo hacia una de las puertas de emergencia de la fachada lateral del edificio.
Se despidieron de Carlos, pararon un taxi y se acomodaron las tres en el asiento trasero. Alicia abrió la ventanilla y echó la cabeza hacia atrás para que la ligera y cálida brisa de junio hiciera desaparecer la palidez de su semblante. Cerró los ojos para no pensar, para no recordar nada de lo que había sucedido esa noche. Tan ensimismada estaba en intentar relajarse que no se percató de que ahora eran sus amigas las que, revisando las últimas fotografías, habían perdido el color de la tez.
Si hay alguien interesado en saber más sobre las historias fantasmagóricas que circulan sobre el Museo Reina Sofia de Madrid, aquí os dejo el enlace a la primera y segunda parte del video que he encontrado.
Esta semana el tema lo había propuesto yo y casi no lo cuento. Quiero decir que casi no llego. De hecho no he llegado, porque me he vuelto a saltar el Foro a la torera y lo estoy publicando en los últimos minutos del jueves. Pero sé que mis compañeros me perdonarán (o al menos, harán ímprobos esfuerzos para hacerlo, ¿a qué sí?).
Pues eso, el tema era el más allá, sin embargo, podréis comprobar que las historias de mis colegas no están tan lejos:
Sé que este pequeño homenaje, de apenas cuatro minutos, aumentará la saturación que sufre la red en estos días, pero no he podido evitarlo. Ha sido demasiada la influencia que este hombre ha tenido en la gente de mi generación como para obviar su repentina desaparición.
We are already missing you… Rest In Peace
Esta ha sido otra de esas semanas en las que la inspiración ha debido de correr más que yo o simplemente ha perfeccionado su técnica de camuflaje. No sé…
Así que, a falta de relato, os dejo una “tonadilla” con su correspondiente letra y un símil de su traducción, que ya quisiera yo tener la sensibilidad de una que yo me sé, para darle todo el significado que pudiera tener si en realidad fuera eso, una canción de amor. Pero no lo es.
A esta compositora estadounidense, ante las presiones recibidas por parte de su casa discográfica y la amenaza de rescindirle el contrato si no les entregaba una canción romántica, no se le ocurrió otra cosa que escribir este tema, en el que deja muy claro que no va a crear algo obligada. Lo que ninguna de las partes pudo imaginar, es que fuera precisamente esta canción la que terminó consagrándola.
Moraleja, si la inspiración no te llega, patalea.
¡Buen fín de semana!
Head under water and they tell me
to breathe easy for a while…
The breathing gets harder, even I know that
Con la cabeza bajo el agua y me dicen
que respire tranquilamente…
La respiración se complica, aunque ya lo supiera
Made room for me, it’s too soon to see
If I’m happy in your hands
I’m unusually hard to hold on to
Me hiciste sitio, es demasiado pronto para ver
Si soy feliz en tus manos
Soy muy difícil de soportar
Blank stares at blank pages
No easy way to say this
You mean well
But you make this hard on me
Miradas vacías sobre páginas en blanco
No es fácil decir esto
Tu quieres lo mejor
Pero me lo pones muy difícil
I’m not gonna write you a love song
’cause you ask for it
’cause you need one, you see
No te voy a escribir una canción de amor
Porque tú me lo pidas
Porque necesites una, ¿lo ves?
I’m not gonna write you a love song
’cause you tell me it’s make or breaking this
If you’re on your way
No te voy a escribir una canción de amor
Porque me digas que puede arreglar o romper esto
Si tu ya has tomado una decisión
I’m not gonna write you to stay
All you have is leaving
I’m gonna need a better reason
to write you a love song today, today
No te la voy a escribir para que te quedes,
si lo que quieres es irte
Voy a necesitar una razón mejor
para escribirte una canción de amor hoy…
I learned the hard way that they all say things you wanna hear
My heavy heart sinks deep down under
You and your twisted words
Your help just hurts
You are not what I thought you were
Hello to high and dry
Aprendí de la manera más dura que todos decían lo que querías oír
Mi duro corazón se hunde en lo más profundo
Tú y tus retorcidas palabras
Tu ayuda sólo hiere
No eres lo que pensaba que eras
arrogante y seco
Convinced me to please you
Made me think that I need this too
I’m trying to let you hear me as I am
Me convenciste para que te agradara
Me hiciste pensar que yo necesitaba esto también
Ahora intento que me escuches tal como soy.
I’m not gonna write you a love song
’cause you ask for it
’cause you need one, you see
No te voy a escribir una canción de amor
Porque tú me lo pidas
Porque necesites una, ¿lo ves?
I’m not gonna write you a love song
’cause you tell me it’s make or breaking this
If you’re on your way
No te voy a escribir una canción de amor
Porque me digas que puede arreglar o romper esto
Si tu ya has tomado una decisión
I’m not gonna write you to stay
If all you have is leaving
I might need a better reason
to write you a love song today
No te la voy a escribir para que te quedes
Si lo que quieres es irte
Necesito una razón mejor
para escribirte una canción de amor hoy…
Promise me you’ll leave the light on
to help me see daylight, my guide, gone
’cause I believe there’s a way
You can love me because I say
Prométeme que dejarás la luz encendida
para que me ayude a ver cómo se va la luz del día
Porque creo que hay una manera
de que me puedas querer sólo porque te digo
I won’t write you a love song
’cause you ask for it
’cause you need one, you see
I’m not gonna write you a love song
’cause you tell me it’s make or breaking this
Que no te voy a escribir una canción de amor
Porque tú me lo pidas
Porque necesites una, ¿lo ves?
No te voy a escribir una canción de amor
Porque me digas que puede arreglar o romper esto
Is that why you wanted a love song?
’cause you asked for it
’cause you need one, you see
¿Por eso querías una canción de amor?
Porque tú la pediste
Porque necesitas una, ¿lo ves?
I’m not gonna write you a love song
’cause you tell me it’s make or breaking this
If you’re on your way
I’m not gonna write you to stay
No te voy a escribir una canción de amor
Porque me digas que puede arreglar o romper esto
Si tu ya has tomado una decisión
No te la voy a escribir para que te quedes
If your heart is nowhere in it
I don’t want it for a minute
Babe, I’ll walk the seven seas
When I believe that there’s a reason
to write you a love song today, today
Si tu corazón no está en ella
No la quiero para nada
Cariño, cruzaré los siete mares
cuando crea que hay una razón
para escribirte una canción de amor hoy…
Anika llevaba tiempo temiendo que llegara este momento. Se sentía angustiada desde hacía varios días, y ahora, con el equipaje preparado y a punto de salir de casa, oía cada latido de su corazón como si lo tuviera fuera del pecho. Tenía un mal presentimiento y no entendía por qué. Nunca le había puesto reparos a los viajes que su trabajo le exigía. De hecho le gustaban, pero esta ocasión era especial. Iba a ser su primer viaje desde que nació Eric, su hijo, y aunque sabía que con su padre estaría bien, no le era nada fácil pensar en estar una semana entera alejada de él.
Levantó la vista de la maleta al oír los callados pasos de Walter al entrar en la habitación. Anika le ofreció la mejor sonrisa que encontró en ese momento. Él sabía de su preocupación y había intentado calmarla a lo largo de los últimos días. Se acercó a ella y la abrazó. Sabía que era un gesto que le hacía sentirse bien en momentos tensos. Le acarició el cabello con ternura y la besó suavemente en la mejilla.
- No te preocupes, amor. Estaremos bien -le susurraba mientras la apartaba de él para mirarla a los ojos-. Verás como el tiempo pasa rápido. Tómate esta semana como unas vacaciones. Llevas aguantándonos a los dos más de año y medio sin parar, ¿no crees que te mereces un descanso…?
Anika sonrió. Su marido siempre conseguía arrancarle una sonrisa. Esos ojos negros que la cautivaron hacía ya cinco años, seguían ofreciéndole un remanso de paz y sosiego cada vez que le miraba.
- Tienes razón. No tengo motivos para preocuparme. Además, María te echará una mano con Eric. Él la quiere mucho y seguro que ni se entera de que me he ido.
Walter sonrió ante la ocurrencia de su mujer y volvió a abrazarla antes de hacerse cargo de la maleta y llevarla a la planta de abajo.
Entraron en la cocina, donde el pequeño, sentado en su silla, miraba entusiasmado cómo se acercaba una nueva cucharada de esa rica papilla de frutas que María le solía preparar para merendar.
Anika se acercó a él, le limpió la boca con una servilleta y lo cogió en brazos. El niño se abrazó a su cuello, como si supiera de su marcha, y a ella se le encogió aún más el corazón. Le beso repetidamente hasta que Walter le avisó de que su taxi había llegado. Tuvo que hacer un esfuerzo tremendo para no llorar al dejar a su hijo en los brazos de María. Sonrió a la joven, pues a pesar de llevar más de un año viviendo en Chicago, aún no entendía el idioma y no podía comunicarse con ella de otra manera.
- Por favor, dile a María que cuide bien de nuestro bebé -le imploraba ella mientras subía al taxi.
- Pero, mujer, ¿cómo quieres que le diga eso…?
- Pues en “hispano”, ¿no sois del mismo país?
- Español, en Colombia se habla español, cariño.
- Bueno, pues en español, pero díselo, por favor, ¿lo harás?
- De acuerdo, se lo diré, al menos, un par de veces al día -la tranquilizaba Walter con su encantadora sonrisa.
(… *** …)
Habían pasado tres días desde su marcha y era la primera vez que Walter no contestaba a sus llamadas. Era la cuarta excusa tonta que utilizaba para ausentarse de la reunión y hablar con su marido, pero no había manera. Había intentado localizarle en el móvil y en el trabajo, pero allí le habían dicho que se había tomado la semana de vacaciones. Le extrañó que no se lo hubiera comentado, y no le hubiera dado demasiada importancia si, al menos, hubiera contestado alguien en casa. Pero no fue así.
Mientras oía el reiterativo tono de la llamada, su cabeza daba vertiginosas vueltas a los diferentes percances que podrían haber sucedido en su ausencia. Colgó. No podía más. Llamó a información y solicitó el número del JFK. El primer vuelo directo a casa salía en hora y media. Tenía que darse prisa. Buscó en su bolso un bolígrafo y escribió una breve nota en la agenda. Arrancó la página y se la dio a la recepcionista pidiéndole que se la entregara a su jefe cuando terminara la reunión.
El vuelo de regreso se le hizo eterno. No poder utilizar el móvil la puso aún más nerviosa, pero no tanto como el no obtener respuesta en los múltiples intentos que hizo durante el trayecto en taxi hasta casa.
Consiguió serenarse para que el temblor de la mano le dejara abrir la puerta. Recorrió precipitadamente todas las habitaciones esperando encontrar a alguien que le diera una explicación, pero lo único que vio fue una nota encima de la mesa de la cocina:
“Gracias por haberme dado estos cinco maravillosos años; por haberme hecho el mejor regalo que hubiera podido desear: mi hijo. Pensaba que lo tenía todo y sólo anhelaba envejecer contigo. Esa fue siempre mi ilusión, hasta que conocí a María y cambié de planes. En este último año, ella me ha hecho recordar todo lo bueno de la tierra que nos vio nacer y queremos empezar una nueva vida juntos. Eric estará bien con nosotros. Estoy convencido de que es lo mejor para él.“
Walter
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